La tempestad deja sobre la hierba hilos de pino, agujas, y el sol en la cola del viento. Un azul dirigido llena el mundo. Oh día pleno, oh fruto del espacio, mi cuerpo es una copa en que la luz y el aire caen como cascadas. Toco el agua marina. Sabor de fuego verde, de beso ancho y amargo tienen las nuevas olas de este día. Tejen su trama de oro las cigarras en la altura sonora. La boca de la vida besa mi boca. Vivo, amo y soy amado. Recibo en mí ser cuanto existe. Estoy sentado en una piedra: en ella tocan las aguas y las silabas de la selva, la claridad sombra del manantial que llega a visitarme. Toco el tronco de cedro cuyas arrugas me hablan del tiempo y de la tierra. Marcho y voy con los ríos cantando con los ríos, ancho, fresco y aéreo en este nuevo día, y lo recibo, siento como entra en mi pecho, mira con mis ojos.
Yo soy, yo soy el día, soy la luz. Por eso tengo deberes de mañana, trabajos de mediodía. Debo andar con el viento y el agua, abrir ventanas, echar abajo puertas, romper muros, iluminar rincones. No puedo quedarme sentado. Hasta luego.
Mañana nos veremos. Hoy tengo muchas batallas que vencer. Hoy tengo muchas sombras que herir y terminar. Hoy no puedo estar contigo, debo cumplir mi obligación de luz: ir y venir por las calles, las casas y los hombres destruyendo la oscuridad. Yo debo repartirme hasta que todo sea día, hasta que todo sea claridad y alegría en la tierra.
Odas elementales, 1985

No hay comentarios:
Publicar un comentario